A través de un territorio que se expande a ambos lados del río Crob, en un agradable descenso desde Rauirc hasta Bellpuig, podemos encontrar no una, sino varias rutas diferentes que recorren paisajes muy distintos. Al menos podemos hablar de 3 tipos de escenarios con los que podemos deleitarnos.

Paisajes naturales de gran belleza

Cada uno de los tramos de estas rutas se definen por el tipo de paisaje que ofrecen. En primer lugar podemos hablar de campos de cereales, un producto con gran importancia en la región y que puede verse cambiando según la época del año en la que hagamos la ruta. Desde los terrenos recién arados y a la espera de ser sembrados en verano, los campos verdes según empiezan a salir los brotes durante el invierno o la explosión de color de la primavera, con la cosecha casi a punto de ser recogida dependiendo del tipo de cereal.

En otro de los caminos podemos asistir a la belleza del paisaje mediterráneo con campos de almendros. También es cuestión de pasarse por aquí en distintas estaciones, sobre todo en primavera, cuando este árbol es el que marca su principio con la floración, una imagen de gran belleza que convierte los campos de almendros en una alfombra con tonos blancos y rosados, dando paso después al verde de las hojas y posteriormente a la llegada del fruto, alegría para quienes tienen en este su forma de vida. Los cultivos de este árbol se combinan con zonas de viñedo y algún que otro bosque, que se alza majestuoso como prueba de que la naturaleza también sabe cultivar la tierra.

Finalmente, la zona del Urgell alberga cultivo de frutales que se realizan conforme a modernas técnicas, creando sobre el terreno algo similar a un curioso tablero de ajedrez. Una singular escena que merece la pena disfrutar cuando paseamos por la ruta.

Un sinfín de caminos por explorar

Hablamos de rutas no solo por los diferentes escenarios que podemos observar cuando caminamos o nos desplazamos de una población a otra de algún modo. También porque hay un sinfín de caminos distintos, pudiendo regresar una y otra vez sin repetir nunca el mismo circuito.
Dependiendo del tiempo del que dispongas, de cuáles son los atractivos que más te gustan e incluso del modo en el que pienses realizar el viaje, podrás decidirte por una ruta más directa, que abarca poblaciones como Maldà, Guimerà o Santa Coloma de Queralt, o alguno sendero mucho más sinuoso pasando por Rocallaura, Passanant o Segura. Además, puedes tomar como punto de origen cualquiera de las poblaciones, pararte a admirar su legado histórico o continuar viaje mientras observas los paisajes naturales más impresionantes que se pueden ver.
Ver los pueblos recortados sobre el horizonte, como por ejemplo Rauric, pasear por los laberintos que forman las viejas calles de Guimerà y leer frases del famoso Rector de Vallfogona de Riucorb son tres platos fuertes de la excursión. Los pueblos que forman las rutas de la Vall del Corb son milenarios, ya que la mayoría de ellos datan de los siglos IV y III AC.

Algunos de los puntos de interés de las Rutas de la Vall del Corb

El legado cultural y natural se unen para formar un conjunto de rutas que hacen de esta una de las zonas más interesantes para los aficionados a descubrir sitios singulares. El conjunto de poblaciones que forman la ruta es impresionante: Santa Coloma de Queralt, Guialmons, Les Piles, Rocafort de Queralt, Conesa, Segura, Saladern, Sabella, El Fonoll, Forès, La Sala de Comalats, Glorieta, Belltall, La Pobla de Ferran, Passanant, Montblanc, Rocallaura, El Tallat, Sant Roc, Ciutadilla, Montblanquet, Vallbona de les Monges, Llorenç de Vallbona, Omells de na Gaià, Arbeca, Belianes, Sant Martí de Maldà, El Vilet, Rocafort de Vallbona, Nalec, Tàrrega, Verdú, La Bovera, Vallsanta, Guimerà, Vallfogona de Riucorb, L’Almetlla de la Segarra, Cervera, Albió, Savallà del Comtat, Llorac, La Cirera, Rauric y Civit. Cada una de ellas es una joya en sí misma, lugares en los que merece la pena hacer un alto en el camino para vivir un pedazo de historia en carnes propias.

El conjunto histórico artístico de Guimerà

En esta población se han encontrado restos de un molino, posiblemente de la época íbera o romana. El conjunto histórico también cuenta con una torre y los restos del castillo que formaban parte de la fortaleza, una iglesia de la época medieval y otros detalles que hacen de esta pequeña población una joya. El mercado medieval que se celebra normalmente en agosto, está considerado una de las ferias históricas más importantes de la provincia. Merece la pena perderse por sus calles.

Rauric, un ejemplo de pueblo pintoresco en la meseta

Rauric se resiste a desaparecer, mostrando edificios con un claro sabor histórico. Por los alrededores se puede disfrutar de flora y fauna autóctonas, además de que al alejarnos un poco y observar la escena que presenta el pueblo sobre la meseta, podemos ver lo que hace siglos observaban los caminantes que recorrían estos senderos.
El antiguo castillo hoy está prácticamente desaparecido, ya que solo se pueden ver los cimientos donde estuvo.

Vallfogona de Ruicorb

Los restos del castillo templario que un día coronó la población, junto al conocido rector que tuvo relación con algunos personajes ilustres de la literatura como Lope de Vega, son dos de los aspectos que ponen en valor a Vallfogona. Un centro de interpretación del rector muestra objetos de la época, además de algunas de las frases e imágenes de este entre otros detalles de gran interés.

Un gran legado histórico y ecológico

En la época romana, alrededor del siglo V, la Vall del Corb era el corredor que unía las ciudades de Barcino (la actual Barcelona) con Llerda (Lérida en nuestro día). A lo largo del s. XII la orden del Cister se estableció en el valle y se erigieron los monasterios de Santa Maria de Vallbona de les Monges, Santa Maria de la Bovera (Guimerà), Vallsanta (Guimerà) y el Pedregal (El Talladell).
La Vall del Corb cuenta con un conjunto de productos alimentarios de gran calidad.
Destacan el vino, denominación de origen Costers del Segre, con la Bodega Celler Comalats de excelentes vinos, la bodega Vallcorb de Verdú, y el Celler Bodega Nalec entre otros.
El aceite de oliva (con Denominación de Origen Protegida ‘Las Garrigues’). También son típicos los embutidos, el queso (cómo lo de Albió), el pan, y las cocas (con varias variantes) y la pastelería.