Biure del Gaià

Tierra de templarios y cistercienses.

Desde Biure sale la pista forestal que lleva hasta la ermita de Sant Miquel, situada en la montaña Sant Miquel de Montclar.

“Hay montañas bien estructuradas, construidas como si de un bloque de piedra se esculpe una bella forma.

Sant Miquel de Montclar, la montaña más alta y relevante del Alto Gaià, es asi.

Emerge detrás de los sembrados, señora y dueña de todas las tierras que la rodean.

Es como un barco saliendo del puerto para adentrarse en la mar, bajando el Gaià, sin otra opción que el estrecho puerto que el rio ha trazado.

Atrás quedan los pueblos de Biure y Les Piles, la villa de Santa Coloma de Queralt y más arriba Aguiló.

Dice adiós a la clota colomina, mosaico pintado de verdes oscuros de los pequeños bosques y color de corteza de pan de pueblo, de los tostados trigos y cebadas, a punto de la siega.

En su vertiente Norte nos situa, mirando hacia el Oeste, frente al estrecho de Deogracies, que divide las cuencas fluviales de los rios Gaià i Francoli, donde se encuentra el punto divisorio entre la Conca de Barberà estricta y la Baja Segarra.

Subiendo el estrecho hacia el Norte, sólo se cultiva el cereal.

Bajando el estrecho, hacia Vallverd, y Rocafort de Queralt, los viñedos ponen manchas de un verde más claro.

Más hacia Poniente se asientan unos altiplanos más elevados, con los pueblos de Conesa y Savallà del Comptat.

A levante el territorio se altera, se eleva, se remueve, como si fueran las olas que la nave del Montclar provoca en su salida del puerto.

Entre ola y ola se configuran pequeñas llanuras alargadas a punto de recoger la cosecha.

La más grande es la que va del estrecho de Valls hacia Vallespinosa, Pontils y más alla el valle de Sant Magí de la Brufaganya.

Es un placer ver danzar las espigas ondeando a merced del aire.

Todo el territorio de levante parece atraido hacia las sierras de Queralt y de Miralles y más al fondo hacia Montserrat.

Es como una pregaria de todo el territorio, como una mano abierta que estira, dejando el rastro de la fuerza surcando en la tierra.

Todo es un camino hacia la montaña serrada. El Montclar es de la misma clase de roca, el conglomerado que aflora por doquier hace delgada y pobre la poca tierra que alli se encuentra.

Pero aquí los angeles no sierran y la cima es una larga carena sin agujas estrafalarias La Conca, la estricta, se pierde lentamente en el horizonte, definida, precisa, cobijada por la sierra de Prades.

Al Sur se configura una especie de embudo estrecho y se retuerze. Aunque hace milenios que el Montclar duda en salir del puerto, sabe a ciencia cierta que no hay otra salida.

La sierra de Ancosa, Formigosa y Montagut, son las atarazanas de levante. Saburella, con sus pequeñas torres pétreas y enigmáticas, es el faro, la guia que duerme encima el valle del Gaià.

Vallespinosa de piedra clara y fuerte, se esconde juguetona, fresca y risueña, como una ardilla en el bosque, como un niño jugando perenmemente. Solo muestra las casas de Les Eres, en un llano de encrucijada de caminos.

Hacia el Sud-Este continuan las montañas de conglomerado hacia el Cugulló de Cabra, dibujando las cotas ligeramente inclinadas, donde no se aguanta ni un resquicio de tierra. Cruce hacia el Camp, hacia la Conca, en esta bella Baixa Segarra, baja, por razón de latitud no de altitud.

BIBLIOGRAFIA : www.vilaweb.cat