Barberà de la Conca,

Es uno de los municipios que integran las rutas del Cister, dels Cellers y de los Templarios.

El pueblo tiene 450 habitantes y está emplazado en un montículo a 476 m. presidido por su castillo. Barberá de la Conca es de origen romano y ha dado nombre a la comarca La Conca de Barberà.

Por los abundantes vestigios ibéricos y romanos encontrados por doquier en el término, suponemos que Barberà estuvo poblado desde muchos años atrás.

La primera vez que aparece el nombre de Barberà es en el año 945, en la donación de la Iglesia de Sant Pere d’Ambigats que hizo el Conde Borrell al Monasterio de Santa Cecilia de Montserrat.

Los primeros documentos sobre Barberà de la Conca datan del año 1054, cuando en la labor repobladora empezada por Ramon Berenguer I, el lugar fue cedido a Arnau Pere de Ponç, con la obligación de fortificarlo.

En el siglo XII el castillo de Barberà fue sede de un convento de la Orden del Temple, y cuando ésta fue suprimida pasó a depender de la Orden del Hospital.

En el año 1143, Ramon Berenguer IV donó el lugar a los templarios. Ellos instalaron una encomienda en el castillo (La Comanda de Barberà) que pasó a los hospitalarios en el siglo XIV, siendo éstos los señores del lugar hasta la desamortización.

La Orden del Temple fue una orden medieval de carácter religioso y militar cargada de tintes legendarios, nacida luego de la primera cruzada. Fue fundada en Jerusalén en 1118 por nueve caballeros franceses, con Hugo de Payens a la cabeza.

En sus inicios su denominación oficial fue Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (Pauperes Conmilitones Christi); más tarde fueron conocidos comúnmente como Caballeros templarios o Caballeros del Templo de Salomón (Milites Templi Salomonis), denominación surgida tras instalarse en el antiguo templo de Salomón. La designación de Orden del Temple es la traducción al francés de la denominación en latín, siendo muy extendida dados los amplios lazos Templarios con Francia.

A instancias de un insigne cisterciense, Bernardo de Claraval, luego San Bernardo, dos caballeros francos, dos Hugos: de Payns y de la Champaña fundan en 1118 la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, cuya originalidad radica en que los integrantes eran monjes guerreros. Siendo ya nueve, se presentan ante el Rey Balduino II de Jerusalén y se ofrecen para cuidar el camino de Jaffa, infestado de ladrones que asaltaban a los peregrinos.

Realizan los tres votos monacales: pobreza, obediencia y castidad. Poco después el rey, les entrega como vivienda una parte del templo de Jerusalén, lo que les da el nombre definitivo de Caballeros Templarios.

Diez años permanecen en esa condición, sin aumentar su número ni inmiscuirse en las guerras santas en que estaba sumida la zona. En 1128, San Bernardo logra concitar un Concilio (de Troyes) para que se apruebe a toda orquesta la Orden del Temple, sujeta única y exclusivamente al Papa, sin dependencia alguna a las autoridades eclesiásticas o terrenales y liberada de todo impuesto.

Es recién entonces cuando los Caballeros visten la túnica blanca que los diferencia de sus aliados-adversarios, los Caballeros de San Juan (hoy de Malta), que calzaban túnica negra. Si bien el blanco era el color elegido por el Cister, casualidad o no, era también el de los Levitas que cuidaban el Arca, el de los esenios y el de los sufíes.

En 1147 el papa Eugenio III les autorizó a lucir la cruz griega de 8 puntas característica, de color rojo . Fué Bernardo de Claraval quien hizo la Orden, le confió su misión, le transmitió sus enseñanzas y finalmente redactó sus reglas iniciales. Parte de estos hechos permanecerían por siempre en secreto.

La encomienda del Hospital en Barberà de la Conca

Sello del  hospital de la encomienda del Temple de Barberà (siglo XIII)
La encomienda hospitalaria de Barberà fue creada a raíz de la extinción de la Orden del Temple, cuando sus bienes pasaron a la orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, después llamada Orden de Malta. Con ligeras modificaciones siguió la organización de la encomienda templaria. Estaba formada por ocho lugares: Barberà, Ollers, Pira, el Pinetell y Montbrió (procedentes del dominio templario) y Biure, Vallverd y el mas de Cogul, que anteriormente ya habían pertenecido a la orden del Hospital.
En el siglo XVI , la encomienda de Barberà, con las de Gardeny, Corbins y les “Cases Antigues” de Lérida, formaron las cuatro cámaras priorales que constituían la dotación del gran prior de Catalunya, ya que éste, a pesar de representar la principal dignidad hospitalaria de Catalunya, no tenía patrimonio personal.
Durante los siglos XIV y XV solía ser titular de la comanda de Barberà el gran prior de Cataluña. A finales del siglo XIV lo fue fray Guillem de Guimerà, uno de los personajes más ilustres de la orden del Hospital, quien realizó obras de ampliación en el castillo. Residió en Barberà hasta su muerte, el año 1396. Sus restos mortales se conservaron en un sepulcro gótico de piedra situado en una hornacina en la capilla del castillo. El año 1921, este sepulcro, junto con el de un caballero hospitalario de la familia Sentmenat, fue cedido en depósito por el ayuntamiento de Barberà, como propietario del castillo, al recientemente fundado Museo Diocesano de Tarragona.
Un hecho histórico ocurrido en el siglo XVII relaciona el famoso personaje de la segunda parte del Quijote, Roque Guinart, con los hospitalarios de Barberà. Roque Guinart era el famoso bandolero del bando de los “nyerros”, Perot Roca Guinarda, y fue requerido a Barberà el año 1609 por el gran prior, fray Miquel d’Alentorn, para reprimir al señor de Vallespinosa, Rafael de Biure, que había intentado usurparle el señorío de Vallverd.
La encomienda hospitalaria de Barberà existió hasta la Desamortización de 1855.

El s. XVIII, Barberà experimenta un importante crecimiento demográfico que determinó la construcción, entre 1792-96, de una nueva iglesia parroquial.
A finales del XIX, poco después del final de los señorios, el pueblo, presionado por el nuevo caciquismo de los propietarios, consiguió una fita en la historia del asociacionismo pagés, en el año 1894 fundó la primera bodega cooperativa de Catalunya.
A mediados del siglo XIX, los payeses conocieron una época brillante en la economía, que pocos años después desapareció bajo una fuerte crisis causada por la aparición de la filoxera. Este fue uno de los motivos por los que los payeses pobres intentaron salvarse de la caída mediante el asociacionismo. Con este espíritu, se fundó en Barberà en el año 1894, la “Sociedad de Trabajadores Agrícolas del Pueblo de Barberà”, conocido por “La Sociedad”. Este fue el inicio del cooperativismo agrario de las comarcas tarraconenses.
Años después, los terratenientes y los pequeños propietarios del pueblo fundaron otra cooperativa conocida popularmente como “El Sindicat”. Este hecho dividió el pueblo en ricos y pobres, según se perteneciese a una u otra entidad. Hasta después de la Guerra Civil no se produjo la unificación de las dos cooperativas. Actualmente, la cooperativa de Barberà está integrada dentro de la “Societat Cooperativa Catalana de Barberà Vinícola”.

Bibliografía
    • FUGUET SANS, Joan (1983): “Arquitectura del castell de Barberà (dels orígens als Templers)”,”Aplec de Treballs”, 5, Centri d’*Estudis de la Conca de Barberà, (Montblanc), pàg. 91-120.
    • FUGUET SANS, Joan (1997): Templers i hospitalers, Rafael Dalmau, Ed., Barcelona.